miércoles, 6 de octubre de 2010

Los anónimos y el paso sin retorno. Por LEON GUINSBURG

 

                                                                              

 

Calificar codicia, sometimiento al resto y corrupción como vicios del capitalismo es incurrir a error. Esos son los fundamentos del sistema, sus verdaderos incentivos, aún cuando no figuren explícitamente definidos en su doctrina. Lo constata la historia de los pueblos, que difiere de la historia de los prohombres y las instituciones aunque los pueblos participen del  devenir y ocasionalmente se los mencione en los libros. Los sufrimientos, percances y avatares de los humanos llanos, simples y comunes conforman el anónimo del relato, cuando no el pretexto. A lo sumo, merecen una  mención sin detalle como simple ornato del héroe.

Los documentalistas, cuyo esmero se centra en describir y descifrar personajes, omiten profundizar sobre las motivaciones reales y concretas del poder triunfante, hacedor de regímenes y normas –al capitalismo nos referimos-, cuya intención de beneficiar al común redunda en repetitivo plagio o es directamente inexistente. Los perdedores, execrados o enviados literariamente al ostracismo, no integran el menú de consumo apologético.

La excepción surge de los pensadores que no casualmente y en todos los siglos militaron y militan en el campo popular; son los eternos descastados del foro de la "normalidad", la "objetividad", la "moderación" y la "prudencia", términos éstos castradores pero infaltables en el discurso. En concreto, justificación de toda arbitrariedad urdida en pedagógicos laboratorios hegemónicos.

De estos lugares comunes surge el "derecho" –por ejemplo-, de apropiarse hasta de la naturaleza. Otros "derechos" sacralizan el culto al individualismo por sobre  el bien común. Y otros  privilegian prerrogativas y privilegios.

Sin incurrir en el revolucionarismo ideológico y dogmático de emtre los siglos XVIII y XX, expresado a veces con innegable lucidez, la persecución de formas y modos de contrarrestar el cerco tejido por la "inteligentzia" que sirve a los poderes económicos -diversificados e imbricados en todo rubro posible de los campos de la producción y los servicios-, apunta a un blanco vital: la desmonopolización de la conducción acotada del discernimiento.

La lógica impulsora de la comunicación plural de los criterios ya es indetenible. El alineamiento de todas las visiones menos una está de este lado de la raya. Del otro solitaria se debate la restante, defendiendo su posición indefendible con las armas más sibilinas, ya desnudado su poder decadente.

De ahí, la cuestión Grupo Clarín –mediático, agrario, financiero, industrial- más Papel Prensa pasa  a ser emblemática.  Las connotaciones derivadas en Derechos Humanos, connivencia con una sangrienta dictadura y vasallaje económico de otros medios miden el grado de perversión del sistema conteste a la vigente durante casi tres décadas aciagas. En la primera, sobre el escritorio del secretario de Estado Henry Kissinger (premio Nobel de la Paz) expertos de la CIA y el Pentágono planificaron los más abyectos golpes militares en Latinoamérica, junto a banqueros pergeñando el estrangulamiento económico de esa área. En la segunda y tercera, la ruina.

El derrumbe de uno de los extremos del arco hegemónico mundial derivó en la exacerbación del otro, el  capitalista.. Así se dio la paradoja: la caída del Muro de Berlín rompió el cerrojo que subyugaba a países de la Europa Central, pero dio comienzo a la crucifixión de las naciones subdesarrolladas, ya en gran parte girando en la férrea órbita de la repartija del mundo consagrada en Yalta, en 1945. Como rémora, las condiciones de Yalta subsisten en las cinco bancas permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y en el poder de veto de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. Este anacronismo lo señalara recientemente la presidente Cristina Fernández en la Asamblea de la ONU.

Volviendo a la Argentina y al "alzamiento comunicacional", se sostiene que el caso Clarín-Papel Prensa -monopolio, derechos humanos y libertad de expresión-, es emblemático. Porque exhibe paralelismo con otros órdenes -agro, alimentos,  minería, energía, agua-.  También tienen vigencia hegemonías extrañas y nativas en esos estratégicos sectores. Hegemonías dañosas e insostenibles que afectan gentes y poblados, porque no se hesita en el uso de tóxicos, en forzar erradicaciones, en modificar la ecología, en acaparar y usurpar tierras y en avasallan derechos incuestionables y ancestrales.

El caso Clarín-Papel Prensa tiende a convertirse en hito para para empezar a poner algunas cosas a su justo lugar, horizontalizar el debate y ampliar el flujo de la información hacia cauces no  superficiales, estimulando el protagonismo potente, consciente y concreto de las enormes mayorías, las que no identifican los biógrafos por nombre y apellido. Porque regionalmente, Clarín suele reproducirse en "monopolitos", valga el neologismo. Todos los medios, un solo dueño; todas las voces, una sola voz.

 

Podrán afirmar opositores –de triste figura, diría Cervantes-, y colegir escépticos y desconfiados que la acción  oficial responde a otras motivaciones o intereses diferentes a los de desmonopolizar el mundo de los medios. También considerar que  utiliza los derechos humanos extemporáneamente y de pantalla, para disimular otros procederes. Podrán plañir sobre autoritarismo y agresividad y otras especies de vuelo gallináceo. Podrán aparecer ultramontanos advirtiendo sobre el advenimiento del terror rojo, aunque constituya un absurdo suponer que el pensamiento y la naturaleza de Néstor y Cristina se inspire en el del "Che" Guevara.

Pero las especulaciones y conjeturas no hacen al desenmascaramiento efectivo de un rostro para nada altruista, que actúa sin reparos, utilizando ámbitos forense y parlamentario, permeables a la presión y seducción de los poderes mediático y económico. Bien se dice que lo absolutamente impoluto no le es propio a ninguna forma organizada, ni siquiera a las de la democracia, aun cuando fuese lo impoluto una aspiración general

Lo importante, más allá de lo argumental y de lo presuntamente subyacente, es que el paso ha sido dado. Paso trascendente, sin retorno, que demostró involucrar a muchos anónimos y que a cada hora intensifica su caminata. Paso temerario que los antecesores de los Kirchner no se avinieron a dar por considerarlo muy peligros, o quizás imposible. ¿Habrán otros en el futuro, justos y necesarios y relativos a otros temas? El pueblo va tomando partido y las corporaciones, por las dudas, arman su estrategia preservativa y aprestan pertrechos y provisiones apurando alianzas por dentro y por fuera.

 

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