jueves, 9 de febrero de 2017

Asi roban los CEOs en Argentina

Luego de que se conociera el miércoles que el presidente Mauricio Macri habría condonado una deuda entre el Estado y una empresa de su familia que administró el Correo Argentino, aceptando una quita de$ 70 mil millones -un 98,82%-, el abogado Daniel Igolnikov presentó una denuncia contra el presidente Mauricio Macri, el ministro de Comunicaciones Oscar Aguad, y a otros empleados del Estado, por el presunto "incumplimiento de los deberes de funcionario público" y "tráfico de influencias" a raíz de haber aceptado una propuesta del Correo Argentino, propiedad de Franco Macri, para el pago de una deuda. 

"Hay un funcionario que no tiene competencia para firmar el acuerdo a través del cual el Grupo Macri se beneficia con la condonación de la deuda por el Correo Argentino", enfatizó Igolnikov en declaraciones al programa "Mañana Sylvestre", que se emite por Radio 10.

En ese sentido, remarcó que va a denunciar a todos los que están involucrados por considerar que "hay una maniobra de encubrimiento"

"Es escandaloso. Yo como ciudadano voy a pedir que se investigue si se ha cometido un delito", sostuvo el abogado al tiempo que concluyó: "Acá hay beneficiarios y el Estado pierde dinero".

Cabe destacar que la fiscal de la Cámara Comercial, Gabriela Boquin, consideró que la homologación del acuerdo entre el Estado y Correo Argentino en el acuerdo preventivo tendría un serio perjuicio para los fondos públicos e implicaría un beneficio al Grupo Socma del que es dueño Franco Macri, como cabeza del clan familiar. 

martes, 31 de enero de 2017

De heroe de Malvinas a Pirata

EL CENTURION GOMEZ

Por Luis Bruschtein
A diferencia de los Ceos y algunos políticos que forman parte del gobierno de Cambiemos, la tarjeta de presentación de Juan José Gómez Centurión, fue su carrera militar, primero en Malvinas y después como carapintada. Es un militar que se levantó contra el gobierno radical de Raúl Alfonsin porque no estaba de acuerdo con los juicios por las violaciones a los derechos humanos. Debería estar en la vereda de enfrente de un gobierno en el que participan  radicales que se dicen alfonsinistas. ¿Quién está más equivocado? ¿Los radicales o Gómez Centurión?

Son equívocos montados sobre discursos equívocos. Cuando Alfonsín impulsó los juicios a los ex comandantes, hubo muchos radicales que se opusieron y trataron de hacerlo desistir. Los planteos de Gómez Centurión pueden coexistir con esos radicales. Los comentarios que siempre hizo Mauricio Macri sobre los derechos humanos fueron ofensivos. Hay una coherencia entre ese pensamiento y el de Gómez Centurión.

En la época de golpes militares, había lo que se autodenominaba como una supuesta corriente nacionalista de las Fuerzas Armadas, que tomaba el poder por medio de un golpe de Estado y después ponía un ministro de Economía liberal como Alvaro Alsogaray,  Adalbert Krieger Vasena o José Alfredo Martínez de Hoz. El grotesco era que se montaba un discurso para defender lo que en realidad después se iba a destruir: la Nación y la democracia.

Después de la guerra, Gómez Centurión se mantuvo activo como veterano de Malvinas. Algunos defienden su condecoración, pero otros la cuestionan por varios motivos, ya sea porque se apropia de hechos que realizaron otros o porque en la acción de guerra en la que se lo destaca, en realidad fue engañado por el jefe enemigo que lo distrajo con un parlamento que sólo buscaba ganar tiempo. Más allá de esa discusión, la carrera política de Gómez Centurión se asienta en su historial como veterano de Malvinas.

Pero el gobierno de Cambiemos no es precisamente malvinero. Podría decirse que todo lo contrario: publica mapas del territorio nacional sin las islas, baja por decreto las jubilaciones mínimas de los veteranos y ha demostrado que le interesa más restablecer las relaciones con Gran Bretaña que la soberanía. “El gobierno quiere encapsular el tema Malvinas en la relación con Gran Bretaña” fue un titular de los medios oficialistas. Era la única forma de aspirar a que la canciller Susana Malcorra fuera elegida secretaria general de la ONU.  Para Cambiemos, Malvinas era moneda de cambio para conseguir ese puesto. Resulta entonces que un veterano de guerra de Malvinas, un oficial que vio morir a sus soldados defendiendo ese territorio, forma parte de un gobierno que lo primero que hizo fue intentar negociar Malvinas a cambio de un puesto en la ONU.

Como puede, Mauricio Macri antagoniza con los derechos humanos y con Malvinas. Un ejemplo reciente fue el intento de correr los dos feriados significativos de esos temas, el 2 de abril y el 24 de marzo. Pero Gómez Centurión está con Macri desde hace por lo menos nueve años. Es evidente que le interesa la posición de Macri conciliadora con los represores, que fue el planteo de los carapintadas contra Alfonsin. Por otro lado, es evidente que si el tema Malvinas estuviera entre sus prioridades no sería funcionario de este gobierno que es desmalvinizador.


Gómez Centurión discute la cantidad de desaparecidos y si hubo un plan sistemático. Antes de meterse en esa discusión tendría que aclarar cuestiones que le atañen directamente: todavía está pendiente la causa por corrupción en la Aduana en su contra. Y queda otra: Gómez Centurión fue el funcionario del gobierno de la Ciudad que habilitó el depósito de Iron Mountain en cuyo sospechoso incendio murieron ocho bomberos y dos rescatistas y desapareció documentación comprometedora de grandes corporaciones.

lunes, 30 de enero de 2017

Macri y la dictadura.

Ensayo y error, el gobierno avanza y retrocede pero no ceja en su intento por construir un cimiento que dé cuenta de la historia según la vivió la Familia Macri.
Mauricio Macri y sus funcionarios, no están discutiendo un número o una fecha. Está discutiendo la legitimidad del proceso económico, militar y político que le permitió al Presidente ser lo que es. Está discutiendo el núcleo fundador de la clase dominante hoy en la Argentina.
Franco Macri salvó a dos secuestrados por la dictadura militar.
Los salvó él, personalmente, con un llamado, cuando ya estaban en camino al oscuro y clandestino mundo de los campos de concentración. Carlos Grosso pasó diez días secuestrado hasta que lo rescató. Con Gregorio Chodos fue más eficiente: logró detener el auto en que lo llevaban en el baúl camino a la ESMA.
Franco Macri suele contar la historia, agregando más o menos detalles al relato. "Grosso, que era gerente de un área de promoción y desarrollo, un día desapareció, fue secuestrado. Y como era uno de mis miles de hijos, no lo dejé solo. Fui a hacer la denuncia de la desaparición y a interceder ante las autoridades. El general (Jorge) Harguindeguy me dijo que Grosso estaba en la ESMA e iba a ser fusilado y me ofreció sacarlo bajo mi responsabilidad. Yo firmé un papel haciéndome responsable por Grosso".
En su autobiografía El Futuro es posible, da más detalles: "Me expuse sin cuidado y salí a defender a un colaborador que estaba más que seguro no tenía antecedentes peligrosos para el sistema. Afortunadamente logré convencer al entonces ministro del Interior, el general Albano Harguindeguy, quien bajo mi responsabilidad lo hizo liberar. Grosso ya había sido torturado y condenado a muerte. Una vez libre, tardó muchos meses en recuperarse y reincorporarse al trabajo. Años después Grosso volvió a la política y llegó a intendente de la ciudad de Buenos Aires".
El relato sobre Gregorio Chodos, por entonces gerente de SOCMA, lo hace la esposa del empresario. Él volvía una noche a su casa, en la calle Luis María Campos, cuando fue secuestrado por un comando militar que lo metió en el baúl de un auto. Ella vio la escena y llamó a Franco, que se comunicó con el general Roberto Viola y el auto retomó el camino de regreso y depositó al empresario en su departamento.
Franco Macri salvó a dos secuestrados por la dictadura militar cuando miles de familiares, madres, abuelas, jueces, abogados, religiosos, buscaban sin encontrar alguna respuesta sobre los desaparecidos, cuando las puertas no se abrían para nadie, cuando el secreto era el corazón del sistema genocida, cuando nadie obtenía respuestas a sus preguntas.
Mauricio Macri tenía veintitantos en ese momento, y se formaba en SOCMA para heredar el holding familiar. Ni Grosso ni Chodos le eran ajenos. Grosso era el joven brillante al que Franco Macri mostraba como el hijo que hubiera querido tener en lugar de "ese pelotudo" de Mauricio (el relato, textual, es tanto de Franco Macri como de Carlos Grosso). Gregorio Chodos era el padre que Mauricio hubiera querido tener en lugar del tirano Franco. Grosso le enseñaba a Mauricio el trabajo día a día en la empresa; Chodos lo llevaba por los caminos de las grandes metas empresarias.
En medio de la Argentina de la desolación y la tragedia, puertas adentro de las empresas familiares todo era alegría y expansión. Los Macri transitaron los últimos meses del gobierno peronista reunidos con Licio Gelli de la Logia P2 y José López Rega acordando construir el "Altar de la Patria" que resguardaría los restos de Juan Domingo Perón y Eva Perón y unos meses después del golpe militar eran parte de la mesa chica del equipo económico y político de los militares.
Con la llegada del gobierno peronista al poder, en 1973, el grupo tenía siete empresas. Finalizada la dictadura militar, el holding tenía 47 empresas. "El dólar estaba mejor que en la convertibilidad, y acá había inflación, así que era mejor llevar la plata afuera", me explicó Mauricio Macri en su despacho de la Casa de Gobierno para justificar los negocios de esa época.
Durante esos años, los Macri compraron el Banco de Italia, se quedaron con la obra de Yacyretá, acordaron con la dictadura paraguaya la construcción del puente Posadas-Encarnación; se hicieron cargo de la construcción de la Central Termoeléctrica de Río Tercero y la de Luján de Cuyo; acordaron con el brigadier Osvaldo Cacciatore la privatización de la recolección de residuos en la Ciudad de Buenos Aires a través de Manliba. Se metieron en el negocio del petróleo a través del general Suárez Mason que estaba en YPF y participaron de oscuros negocios de compra y venta de armas a través de Italia hacia Medio Oriente. Se expandieron también por Latinoamérica, al ritmo del Plan Cóndor. Obras, terrenos, edificios en Paraguay, Brasil, Chile, Venezuela, México convirtieron a la pequeña constructora de inmigrantes en un holding internacional.
Pero además de ser los contratistas del estado más privilegiados aprovecharon las decisiones macroeconómicas en su beneficio: la estatización de la deuda privada del grupo en 1982 por 170 millones de dólares y el acceso a 53 millones de dólares en concepto de regímenes de promoción industrial.
Los jerarcas militares y económicos de la dictadura militar argentina y del resto del continente eran recibidos en la quinta Los Abrojos y las Terrazas de Manantiales junto a oscuros personajes de la mafia italiana y la logia P2. Los funcionarios del gobierno y las empresas intercambiaban lugares: Ricardo Zinn, segundo de José Alfredo Martínez de Hoz, fue también gerente de SIDECO y el tutor de Mauricio Macri en su ingreso a los negocios. El mismo Martínez de Hoz fue el asesor privilegiado del hoy presidente cuando llevó adelante un negocio inmobiliario con Donald Trump en Manhattan a principios de los ochenta.
Franco Macri dirá que fueron parte del gobierno militar porque fueron parte de todos los gobiernos. Formados en la idea de la Fiat italiana del "estado paralelo", cuando todavía recibían dividendos por sus acuerdos con los militares visitaban a Raúl Alfonsín en la Quinta de Olivos, financiaban el surgimiento de la Junta Coordinadora Radical y le proveían el servicio informático a la Cámara Federal para que llevara adelante el juicio a los militares.
Mauricio Macri, sin embargo, parece encontrar en ese núcleo de formación de su juventud algo más que negocios.
Unos meses antes de ganar las elecciones presidenciales, compartió una cena en el departamento de un dirigente político que supo ser menemista y kirchnerista devenido opositor al gobierno. El resto de los comensales, jóvenes periodistas invitados casualmente, se levantaron de la mesa antes de tiempo ante la insistencia de Macri en sostener que no había habido desaparecidos.
Como en la Alemania de los setenta, la discusión sobre las cifras trata de parecer revisionismo cuando es en realidad un intento de negacionismo. Una búsqueda de negación de los crímenes del pasado que permita abrir el camino para los crímenes del presente y del futuro.
Mauricio Macri no está discutiendo un número.
Está discutiendo la legitimidad del proceso económico, militar y político que le permitió ser lo que es. Está discutiendo el núcleo fundador de la clase dominante hoy en la Argentina.
Así como el proyecto político del kirchnerismo no se hubiera podido llevar adelante sin el núcleo simbólico y de valores que le otorgó no sólo la prosecución de memoria, verdad y justicia sobre los crímenes de la última dictadura militar sino también la reivindicación de la militancia y las luchas de los setenta, Mauricio Macri necesita construir el universo simbólico que le dé legitimidad a sus ideas políticas y económicas.
Y a su vida.