domingo, 21 de febrero de 2016

MACRI MINTIO,MIENTE y MENTIRÁ

Por Axel Kicillof *
El 29 de septiembre de 2015, a un mes de la primera vuelta electoral, la radio y la televisión se saturaron con un enfático y sonriente Mauricio Macri que afirmaba: “En mi gobierno los trabajadores no van a pagar Impuesto a las Ganancias. ¡Ese es mi compromiso!”. (https://youtu.be/q7htwkzI9k0). Lo mismo sucedió cuando el 17 de noviembre dijo “yo no voy a devaluar, es una mentira” (https://youtu.be/qNVCGwSIfi8 ). Ahora ya es oficial: una vez más, Macri Miente (MM), como mintió descaradamente en la campaña.

Macri no eliminó el Impuesto a las Ganancias como había prometido. En realidad, hizo lo contrario. Anunció que iba a modificar el mínimo no imponible que, según él y los medios de comunicación oficialistas, Cristina no había modificado nunca. Esta también es una mentira: desde 2006 a 2015 Cristina elevó ocho veces el mínimo no imponible y tres veces eximió al medio aguinaldo. Y, como se verá, el resultado de la modificación del mínimo no imponible de Macri es lamentable: más asalariados terminarán pagando el impuesto.

Según Macri, la modificación es muy generosa, ya que el mínimo no imponible pasó de 15.000 a 30.000 pesos. Esto es mentira. El mínimo no imponible efectivo no era de 15.000 pesos. Esto se debe a que en 2013, además de fijarse el mínimo en 15.000 pesos se fijó también a 2013 como año base para el cálculo: los asalariados que ganaban menos de 15.000 en ese año dejaron de pagar Impuesto a las Ganancias de ahí en adelante. Tomando los aumentos promedio de 2014 y 2015, el mínimo no imponible efectivo que dejó el gobierno de Cristina es hoy de 31.400 para los que trabajaban en 2013. De modo que al fijarlo en 30.000 pesos, Macri acaba de ¡bajar el mínimo no imponible!

Según el titular de la AFIP, 180 mil personas van a dejar de pagar el impuesto. Estos son los que empezaron a trabajar después de 2013, lo cual desmiente además que se haya dejado de crear empleo. Pero se olvidó de sumar a todos aquellos que van a empezar a pagar porque su sueldo es más de 30.000, una cantidad que estimamos en 380 mil trabajadores. Por eso, según nuestros cálculos, en total y en términos netos, casi 200.000 trabajadores adicionales van a incluirse en el impuesto. Si no hubiera mentido en su propaganda electoral, Macri debería haber dicho: “En mi gobierno más trabajadores van a pagar Impuesto a las Ganancias”. Para peor, todos estos cálculos no tienen en cuenta el resultado de la paritaria en curso. A fin de año, todavía más trabajadores van a superar los 30.000 de Macri. Pero, ¿será sólo un error de cálculo (como el 40 por ciento que se les ofreció y luego se les quitó a los docentes)?

Durante los últimos años, el debate sobre este impuesto fue muy intenso. Nuestra posición es que el Impuesto a las Ganancias o, mejor dicho, a los altos ingresos, tiene una cualidad: es progresivo, es decir, pagan más los que más ganan. En efecto, de los aproximadamente 11 millones de trabajadores en relación de dependencia, sólo lo paga el 10 por ciento con salarios más altos. Justamente por eso, es otra verdadera estafa sostener que un cambio en Ganancias puede darse “a cambio” de reducir el porcentaje de aumento en las paritarias. Una reducción del Impuesto a las Ganancias mejora los ingresos sólo del 10 por ciento que más gana. Para el 90 por ciento de los trabajadores no cambia absolutamente nada. El porcentaje de las paritarias no tiene nada que ver con el Impuesto a las Ganancias para la gran mayoría de los trabajadores.

En los 12 años de kirchnerismo, el Impuesto a las Ganancias formó parte de un esquema de crecimiento económico e inclusión social. Las mineras, las petroleras, los grandes exportadores de grano pagaban impuestos específicos –las retenciones–. En el caso de los alimentos, estas retenciones contribuían además a que los precios internos fueran más baratos. Los subsidios a la luz, el gas y el transporte reducían el costo de vida y constituían una parte importante de los ingresos indirectos. Y la inclusión avanzaba también a través de la AUH, la moratoria jubilatoria, el Ahora 12, el Progresar, el crédito barato para las pymes, y tantas otras medidas. En ese marco se cobraba Impuesto a las Ganancias al 10 por ciento de los trabajadores de mayores salarios.

¿Cómo se justifica ahora el Impuesto a las Ganancias? En sólo 70 días, Macri implementó una batería de medidas que saca recursos a los asalariados, a los jubilados, a las clases medias, y los entrega a los que ya lo tienen todo. Con la megadevaluación y la quita de retenciones y subsidios, los precios suben mientras también aumentan las tarifas, el ABL, las multas, las prepagas, los remedios, las cuotas de las escuelas privadas. Caen así los ingresos de los trabajadores y de las clases medias, contrayendo el consumo y la demanda, achicando el mercado interno. Esto afectará a su vez a la producción y al empleo.

Pero no todos pierden. La devaluación del 50 poor ciento les aportó a las 10 principales empresas agropecuarias más de 150.000 millones de pesos. A esto hay que sumar la baja de retenciones, que aportó un beneficio adicional para las cerealeras de cerca de 22.000 millones de pesos. A las mineras (10 firmas) se les transfirió por la baja de retenciones 3.300 millones de pesos, a lo que hay que agregar también el efecto de la devaluación sobre sus exportaciones. A Clarín además de Nextel se le entregó la publicidad del Fútbol para Todos, mientras los costos corren por cuenta del Estado. Y como si esto fuera poco, a los fondos buitre (ahora llamados cariñosamente “holdouts” o simplemente “acreedores”) se les prometieron 90.000 millones de pesos.

El modelo económico de ajuste, apertura y endeudamiento no es la respuesta de Macri a una “pesada herencia”. Es el mismo modelo que querían aplicar en 2003, en 2008, en 2010, es decir, en cualquier circunstancia. Y es el que efectivamente se aplicó en 1976 y en los 90. El resultado fue siempre el mismo: la crisis económica y exclusión social.


* Diputado nacional. Ex ministro de Economía

jueves, 18 de febrero de 2016

ARGENTINA AJUSTA, gobierna Maquiavello

Por Axel Kicillof *
A esta altura de los acontecimientos a nadie se le puede escapar que el gobierno de Macri está implementando un clásico programa de ajuste. Tampoco se le puede escapar a nadie que ha decidido usar como “justificación” para su plan económico la presunta “pesada herencia” que recibió de Cristina. Claro está que lo sucedido en los primeros dos meses de gobierno contrasta con las declaraciones de Macri en campaña, cuando por ejemplo el 17 de noviembre dijo en el programa de Jorge Rial: “No vamos a devaluar, es una mentira”. O como cuando un recién asumido Prat-Gay, el 12 de diciembre, dijo: “La Argentina está en buenas condiciones (...) no hay urgencias (...) Nos dejan una herencia complicada pero no se compara con otros momentos del país”; y negó que estuviera en sus planes “abrumar” con “una batería de medidas”.

En la historia argentina, los grandes planes de ajuste vinieron siempre precedidos de una grave y evidente crisis económica. Se proponía entonces un gran sacrificio para salir de un gran desastre. Por eso los ministros de Economía se hicieron célebres con frases como “hay que pasar el invierno”; “el que apuesta al dólar, pierde”; “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”; “con la Convertibilidad habrá más de seis décadas de crecimiento y prosperidad en la Argentina”; “el que depositó pesos recibirá pesos, el que depositó dólares, recibirá dólares”.

El “pequeño detalle” es que el gobierno de Macri no recibió una economía en crisis, ni mucho menos. No es que lo diga yo –una parte interesada–, sino que es lo que muestran absolutamente todas las consultoras privadas. Durante el año 2015, la economía brasileña se contrajo cerca de un 3 por ciento, por caso. Pero para Argentina 2015 no fue un año recesivo. Según la consultora Ferreres, la economía creció un 1,7 por ciento, la industria 1,1 y la inversión un 1 por ciento. Para el FMI, el crecimiento fue del 1,5 por ciento. Es decir, la economía no estaba estancada ni en caída, ni siquiera para los detractores del gobierno de Cristina. Tampoco se sufría una aceleración inflacionaria. Es más, todas las consultoras privadas reconocían que la inflación venía cayendo fuertemente desde 2014. Comparando eneronoviembre de 2014 con el mismo lapso de 2015, según Elypsis la inflación había caído del 31,4 al 18,2 por ciento, es decir, una marcada desaceleración del 13,2 por ciento. Las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires mostraban lo mismo, ya que la inflación pasó de ser del 33,6 por ciento en 2014 al 19,7 en 2015, es decir, la desaceleración fue del 13,9 en un año. Lo mismo para el IPC Congreso que pasó del 33,5 por ciento al 20,4, es decir, se redujo un 13,1 por ciento. Las reservas estaban al 10 de diciembre en 25 mil millones de dólares, después de pagar en octubre el vencimiento más grande de la década: 5900 millones de dólares del Boden 15. Recordemos también que Néstor Kirchner recibió en 2003 reservas por 11 mil millones, y que recién después de tres años arañaba los 25 mil.

En síntesis: ni aumento del desempleo, ni caída de la actividad, ni aceleración de la inflación, ni drástica caída de reservas. La crisis no se veía por ningún lado. Pero Macri y su equipo económico ortodoxo estaban decididos a aplicar de todos modos y en cualquier caso su política económica de ajuste.

A toda esta construcción marketinera, hay que agregar un punto más: el déficit fiscal. Muchas veces en la historia argentina hubo déficit e insolvencia del Estado Nacional. Esta situación lleva a que no se puedan pagar o se demore el pago de jubilaciones, sueldos del Estado, giros a las provincias. Pero nada de eso pasó. Por el contrario, luego de asumir, el gobierno de Macri comenzó a cumplir sus promesas de campaña “perdonando” impuestos a sectores concentrados como los sojeros o mineros y a dar subsidios a otros, como los petroleros. Ese “derroche” deja a las claras que “problemas de caja” no parece tener. Por lo tanto, el déficit fiscal apremiante pasó a ser lisa y llanamente una inmensa mentira, para justificar la política de ajuste que Macri iba a implementar de todos modos. Tal como lo reconoció el propio Prat-Gay en su segunda conferencia de prensa del 13 de enero.

Para empezar, el ministro de Hacienda dijo que el déficit fiscal de 2015 –medido como lo hacen todos los países del mundo– alcanzó el 2,3 por ciento del PIB. Pero ese nivel de déficit no servía como excusa para su plan, ni tampoco es “alarmante”. De hecho, tener déficit ha sido la condición normal de los países en esta etapa: según el FMI, de 188 países sólo 18 tuvieron superávit financiero y 34 superávit primario en 2015. Y países como Estados Unidos, Brasil, España, Japón, Reino Unido tuvieron más déficit que Argentina.

El porcentaje de déficit fiscal se calculó utilizando la metodología usual, que respetan todos los países y que proviene del Manual del Fondo Monetario Internacional. Pero en su conferencia de prensa, Prat-Gay decidió utilizar otra metodología, de su invención. El objetivo era “elevar” ese déficit para que cumpliera el papel propagandístico. Lo que sigue es algo técnico, pero fácil de comprender.

Luego de reconocer el 2,3 por ciento, Prat-Gay comenzó con una ensalada de sumas y restas para concluir que –según su propio método– el déficit era del 7 por ciento. ¿Qué sumó? Primero, sumó los gastos que quedaron sin pagar y pasaron al año siguiente, por un 1 por ciento del PIB. Ningún país del mundo lo suma cuando calcula el déficit. ¿Por qué? Porque todos los años quedan ciertos gastos que se pagan el siguiente ejercicio. Lo mismo había ocurrido en 2014, de modo que si quiere “sumar” los gastos que quedan para el año próximo, debería al menos “restar” los pagos que se hicieron en 2015 pero eran del año anterior. Si no, es una verdadera burrada. Pero como el objetivo era “construir” un déficit alto, parece que valían las burradas.

Engordado así, el supuesto déficit solamente alcanzaba el 3,5 del PIB. Había que seguir sacando conejos de la galera. Por eso Prat Gay decidió “restar” todos los ingresos que el Banco Central le giró al Tesoro Nacional. Como todo el mundo sabe y tal como se refleja en la Carta Orgánica del BCRA, el Estado Nacional es el único dueño del Banco Central. Las ganancias del banco van a su dueño, el Estado. Es un procedimiento habitual, por ejemplo, el 29 de enero de este año pudimos saber que el Banco Ciudad había girado sus ganancias al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Bien, Prat Gay decidió “descontar” este ingreso del Estado para engrosar el supuesto déficit, que entonces llegó artificialmente al 5,8 del PIB.

Aplicando contabilidad creativa, ya habían logrado sacar dos conejos de la galera, y así exagerar la situación de la caja. Pero no alcanzaba todavía, porque durante toda la campaña repitieron el mágico número del 7 por ciento para hablar de déficit. Recurrió entonces a un verdadero hallazgo. Sumó al presunto déficit que dejó Cristina ni más ni menos que... ¡las promesas de campaña de Mauricio Macri! Veamos cómo lo dijo textualmente:

“Sobre la herencia, para ser completamente honestos y transparentes, tenemos que agregar las cosas que nosotros prometimos en campaña. Ustedes saben que prometimos muchas cosas en campaña y que las hemos ido cumpliendo... ¿Cuál es el costo de esas promesas de campaña? (... eso implica alrededor de casi 1 punto y medio del PBI. Entonces, el punto de partida de herencia, más promesas, y toda la herencia adentro, es un déficit primario del 7 por ciento del PBI. Eso sí, hay que irse 40 años atrás para encontrar este nivel de déficit o de desequilibrio, o el título que ustedes quieran”.

Créalo o no. El déficit verdadero, aceptado por Prat-Gay, fue el 2,3 por ciento. Pero alguien le habrá dicho: “No, Alfonso, querido, no vas a reconocer ese número, si toda la campaña dijimos 7. Inventá algo, dibujá y llegá al 7”.

El resultado de este juego de ilusionismo no es, sin embargo, ni ilusión y ni fantasía. Todo lo contrario, es una verdadera pesadilla. Este déficit totalmente inventado es el que están usando como justificación para echar gente, achicar el Estado, quitar subsidios, modificar el régimen de jubilaciones y aumentar tarifas. Es penoso confirmar que lo que dijimos una y otra vez en la campaña electoral se va cumpliendo paso a paso. El verso del “déficit fiscal descontrolado” es sólo una mala excusa para seguir recortando derechos.

* Diputado (FpV), ex ministro de Economía.


lunes, 15 de febrero de 2016

Teléfono para el sindicalismo

Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria... Y recuerden trabajadores, únanse y sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa Patria, en la unidad de todos los argentinos.

Juan D. Perón, 17 de octubre de 1945