viernes, 19 de abril de 2013

"Nosotros somos esto" por Mendieta

  

¿Es verdad? No sabemos. Pero perfectamente podría serlo. ¿Podemos esperar a que se investigue para decir algo? ¿Mientras tanto qué hacemos? No. No podemos. Porque si esperamos perdemos ¿Qué perdemos? Perdemos autoridad. Autoridad para opinar, autoridad para convencer, autoridad frente a nosotros mismos. 

Entonces juguemos a que todo es verdad. Banquemos la parada.

Y digamos:

 

No es lo mismo. No es lo mismo un hecho de corrupción realizado bajo el amparo de un gobierno liberal o conservador que de uno popular. Por supuesto que no nos referimos a una valoración moral de los supuestos delincuentes, si no al impacto que el mismo tiene sobre la sociedad.

Y no es lo mismo porque no se espera -no esperamos- lo mismo de un gobierno cuyo norte y máximo valor es la generación de ganancias, el lucro, la glorificación del éxito personal a costa de otros; que de otro que asienta su sentido de existencia en el crecimiento para la inclusión, la defensa de los más humildes, la búsqueda de una sociedad más justa. 

 

Como en términos individuales, uno no es lo que es sino esa rara mezcla entre lo que uno desea ser y lo que los demás piensan que sos. La conformación de una identidad -personal, colectiva, política- nunca es enteramente autónoma: no somos libres para ser. Somos con otros. 

 

Y en este sentido, poco importa si los hechos denunciados por Lanata son verdaderos o falsos. Eso importa, claro que importa, para el Poder Judicial y para una cosa que gustamos en llamar, a falta de un nombre mejor, justicia. Porque así como para evaluar las acciones políticas de un gobierno no debemos mensurar la categoría moral de sus ejecutores (si la medida "es buena", con el relativismo ideológico que tal condición tiene, "es buena" más allá de que quien la tome sea "malo"), sí resulta absolutamente cierto que un hecho delictual hecho a la sombra de los gobernantes tiene un impacto político y moral. Y lo que a mí me preocupa es el impacto político y moral que tiene sobre los seguidores de este gobierno. 

 

Porque acá hay que sacarse algunas caretas. Y que se indignen por un choreo los tipos que moralmente consideran que vale todo con tal de "triunfar en la vida", francamente me importa poco y nada. Acá no hay ni un atisbo de consenso con tipos que se indignan con esto al amparo de la envidia, que bien les gustaría a ellos "fugar" un par de palos de euros.

 

 Pero que se queden absortos y descreídos y desamparados y titubeantes las millones de personas y los miles de militantes políticos que sí acompañan a este gobierno, sí me importa. Y mucho. Porque soy uno de ellos. 

 

Vamos, digamosló con todas las letras: ¿qué carajo tiene que ver con nosotros un tipo como Fariña? ¿Cuál es la unión que nos une a personajes de la ostentación, del lujo vulgar, de esa estética tan noventista? Nada. Absolutamente nada. No los merecemos. Nosotros no somos eso ni lo queremos ser. Nosotros somos lo que somos con los pobres, con los desempleados, con los que sufren, con los que se rompen el culo entrando a una fábrica a las 5 de la mañana, con las madres que dejan a sus hijos solos para ir a laburar. Eso somos. 

 

Somos los que queremos dar la batalla para desmantelar el macabro mecanismo de que la plata ganada con sudor argentino se la lleven -muchos, muchos- a los paraísos fiscales. Porque el desafío para seguir creciendo es conseguir que la inviertan en producir. Y en la pelea especulación versus producción el rol del Estado es central. Y para eso el Estado debe tener poder. Poder que se diluye si queda en medio de actos así. 

Las paradojas. Las paradojas donde los denunciantes y los denunciados tienen mucho más en común que lo que los diferencia. Bolivia y Versacce. Ferraris y Audis. Puertomaderismo y Estragamous. 

 

En cambio, de este lado, acá donde bancamos a este gobierno precisamente por las cosas que esa clase de gente detesta, tenemos el derecho y la obligación de no hacernos los boludos. Y de exigir respuestas. Y pedimos respuestas políticas además de las judiciales. Y las pedimos porque no vamos a permitir que negreen nuestros sueños. Nuestros ideales. Y vamos a defender lo hecho y, sobre todo, lo que falta -lo muchísimo que falta- por hacer. 

 

Y no vamos a dejar que unos tilingos nos lleven puestos. Porque somos esto y estamos acá para siempre.  

 


viernes, 15 de marzo de 2013

¿Se puede perdonar al Papa?


La elección de el Cardenal Bergoglio, en una sociedad nueva, como es la sociedad argentina del presente, se revela como un gran disparador de analisis sobre las posturas que a semejante noticia, cada uno en su interior, se ve obligado a autodebatir.
Personalmente, Bergoglio, para el que escribe,  ha sido un miembro de la iglesia complice con la dictadura, donde no todos sus miembros fueron complices. El debate es que grado de responsabilidad, de actuación y de margen tenia para asumir una postura anti-dictadura.
Los directamente afectados por las acciones pasadas del nuevo Papa, está claro que no le permiten ni siquiera el perdon de Dios, por la alta contradicción de su función como predicador del evangelio.
Por otro lado podemos pensar que como hombre, tuvo miedo y cedio a la fuerza oscura de los asesinos que tomaron el gobierno a fuerza de muertes.
Como en todos los actos de nuestras vidas, existen distintos grados de implicancia y a ellos refieren distintos grados de condena.
Seguramente, le cabe alguna condena, seguramente cometio algún acto que Jesus no hubiese hecho, seguramente se habrá revisado y tal vez sea una deuda que sepa tenga que saldar.
Cuando el hablaba en sus omilias desde un nosotros, seguramente se estaba criticando por algo indecible.
La realidad es que en este mundo de los hombres y las mujeres, su trayectoria, su capacidad personal y su tarea dentro del entramado de la Iglesia Catolica, lo han llevado hasta lo mas alto que un hombre de Dios quisiera llegar.
Como Argentino, me siento muy orgulloso, porque los logros de un compatriota a nivel mundial, para mi tambien son mis logros, porque pienso a los argentinos como un nosotros.
Cuando no se animó a ser como Jesus,  aun no era el hombre sabio y menos temeroso que sin duda debe ser ahora.
Su llegada a Papa, no puedo negar, me genera muchas espectativas, tiene un poder simbolico mundial que podria aprovechar para poner en cuestión al mundo actual y promover importantes cambios politicos, economicos y sociales,
Solo espero que no le pase como cuando de cruzó con videla y masera, solo espero que los videlas y maseras que ahora lo rodean, no le marquen el camino, solo espero que esta vez no tenga miedo y se entregue como Jesus de Nazaret, de llleno a sus ideales que hoy muchos nos enteramos que siempre ha tenido.Si los poderosos de Roma, por eso lo crusifican, que se deje crusificar, pero que desnude, como hace casi 2000 años, el hijo de Dios lo hizo en Jerusalem, a los nuevos mercaderes del templo global, en que se ha transformado hoy el mundo.
Si el Papa demuestra que hoy no tiene miedo; yo lo perdono.